
Iba a titular la entrada "aún no está muerta esta bitácora", journal o como diablos lo llame aquí la gente. Incluso borré un "aún no estoy muerto" pero es totalmente falso, no que no esté muerto :-) sino que no tengo planes de escribir mas por aquí.
Habitualmente no me apetece nada escribir algo personal-no-tecnológico. Si paso por aquí es para leer las ocurrencias, milagros y avatares de la vida de amigos "de la vida real". Por desgracia no tienen una bitácora con feeds, pero qué se le va a hacer, habrá que sacrificarse abriendo el navegador de vez en cuando :-/
El caso es que hoy, ahora, he sentido una IRA, así, en mayúsculas, no del grupo terrorista pero si ira que me urge a cometer terrorismo.
Y como in the real life no puede uno ahora quejarse por algo así lo hago por aquí.
Queda dedicada esta entrada, que probáblemente sea la última, a mi querido y odiado papel:
«Amo el papel. Me encanta tener un libro en mis manos, pasar mis dedos por sus hojas, sentirlo, olerlo y sobre todo leerlo. Y creo, como la mayoría de los ecologistas-coñazo, que nos cargaremos el planeta si no dejamos de talar árboles en vez de reciclar todo el papel posible.
Desde hace años reciclo todo el papel que pasa por mis manos y cuando he podido, he comprado en las papelerías productos derivados del reciclado aunque sean mas cutres.
Pero a cada día vengo dándome cuenta del verdadero uso que se le da a todo ese papel reciclado: PUBLICIDAD BARATA para las empresas. Recibo en casa kilos y kilos de papel. No es broma. Guarden todos los folletos, revistas y periodicuchos que les llegan a casa a través del buzón o por debajo de la puerta y hagan cuentas. ¡Maldita sea!. ¿Pero en qué mundo vivimos si reciclando hago que me llegue mas publicidad a casa?
Hoy ha sido el cúlmen. Tengo que hacer un corto y mísero viaje de vagos al contenedor de reciclado de la calle de al lado cargado con dos bolsas llenas de folletos y papeluchos que no son fruto de mi consumo y que no desearía haber visto ni tocado con mis manos. No son cajas de cereales que haya comido. No son libros o folios escritos. No. Son jodido SPAM de la real life. Y eso me cabrea.»
Siguiente acción, mucho mas útil comparada a la actual que es quejarme en una bitácora leída por usuarios que publican sus fotos, comentan historias de su vida o de otros, coñas y demás paridas interneteras: buscar una solución a la maldita publicidad.
Aunque sea enviar correos quejándome a las empresas informando que JAMÁS compraré sus productos por acosarme con su publicidad. Aunque sea totalmente inútil y absurdo. Pero esta impotencia me cabrea.
¿O quizás un cartel tipo "no meter publicidad bajo la puerta" y otro de "no meter publicidad en el buzón" con su coletilla "responsable empresa anunciadora: la denuncio POR MIS COJONES"...»
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